martes, 16 de julio de 2013

EL POPOCATÉPETL Y LA CONQUISTA DE MÉXICO

¡Y pensar que un grupo de conquistadores españoles, por órdenes de Hernán Cortés, subieron al Popocatépetl a recolectar azufre para elaborar pólvora para las armas de fuego que utilizaron en la conquista de Tenochtitlan! Ahora que veo estas imágenes del cráter del Popo no puedo dejar de recordarlos. Hombres valientes, arriesgados, enjundiosos, aventureros, entrones. Me molesta tanto cuando las personas comentan que los conquistadores sólo trajeron enfermedades y taras al mundo indígena. Nosotros somos herederos de esos castellanos, en primer lugar; de los aragoneses; portugueses; uno que otro judío converso; los vascos conquistando el norte del territorio ahora llamado mexicano, los Iruegas entre ellos. Mis hijos pueden presumir de su prosapia norteña coahuilense asentada en esos territorios desde el siglo XVII-XVIII. A los vascos no los dejaron llegar antes por aquello de su afán separatista de España. Se suponía que tampoco debían asentarse en el nuevo mundo los judíos, los musulmanes, pero bien que se colaron. El mismo Cristóbal Colón era judío, se dice. A quien tenga interés y tiempo le recomiendo el libro de Alejo Carpentier, El arpa y la sombra. Excelente autor cubano, excelente tema: la biografía e intento de canonización de Don Cristóbal Colón. ¡Y qué manejo del idioma de Alejo Carpentier! Grande entre los grandes de la literatura universal. Su novela Los Pasos Perdidos es una de las más maravillosas historias de lo que se dio en llamar el realismo mágico latinoamericano. ¡Una estructura de palabras como un templo, como una catedral! De lo mejor que ha producido la lengua castellana. Vuelvo: los españoles no nos conquistaron. Conquistaron a una serie de pueblos indígenas con los que se unieron para formar este sincretismo que es el sistema de ideas del mexicano. Pienso que no hay que decantarse por sólo una herencia. Los bravos españoles que ascendieron a este cráter no sólo por azufre, sino por curiosidad, por todo aquello que mueve a los hombres que tienen el nervio y el espíritu para convertirse en migrantes, también son parte nuestra. Somos enjundiosos, valientes, osados y no sólo pasivos indígenas, resignados y derrotados como nos quiere enseñar la historia oficial. Bravos existieron en ambos bandos. Inteligentes, espirituales, dulces, los indígenas. Los españoles como los describo aquí, para mí, así los concibo y los aprecio y me admiro de ellos ascendiendo hasta la boca de este nuestro Popocatépetl.




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