Tuve la grandísima bendición de Dios de estar en Bahía de
Concepción, en Baja California Sur, parada frente al mar sin alguna
persona alrededor. Una bahía para mí solita. ¡Maravilloso! ¡Ni un sonido
humano! ¡Nada! Silencio y extensión. Tu mirada que corre sin
obstáculos. Un color de mar que era un zafiro. Ni siquiera pensé en
tomar una fotografía, ese recuerdo era para llevárselo en el alma. Lloré
de pensar lo increíble que se ha de haber sentido el padre Kino cuando
anduvo por ese paraíso!
Si pudiera escoger una patria chica adoptiva, elegiría, sin duda, a ese estado mavarilloso.

No hay comentarios:
Publicar un comentario